Mis fantasmas

En ocasiones veo muertos… esa fue la famosa frase de una película, creo recordar que era El sexto sentido, que vista en el cine, en pantalla grande y con un silencio poco frecuente,me causo que, a día de hoy, aun la tenga presente.

No es porque yo vea también muertos, no al menos en esos términos, pero, para serte sincero, veo a mis fantasmas.

Fantasmas que nacieron en un sinfín de momentos y que, últimamente, me surgen casi a diario su presencia.

En una vieja canción, me aparece el fantasma recordándome a quien estaba besando…

En otra ocasión es un deja-vu que , en un momento determinado mirando a ningún sitio, me invade el recuerdo cuando se dio la vuelta y se marcho, y yo ahí, mirándola, sin ver como se alejaba sin mas….

Los peores son las que me invaden en esas noches en las que el alcohol ha estado presente, quizás es porque, en esos instantes, no tengo mis muros altos y firmes ante ellos…

¿Los peores he dicho?

No, los peores son sin duda aquellos que, antes de nacer, ya sabes que te aparecerán, que por mucho que intentes evitarlos, estarás siempre peleándote con que no hagan acto de presencia.

Fantasmas de la duda, los de no haber acertado con la decisión correcta, fantasmas que surgen cuando no sigues el camino que , algún sabio o sabios, cree que deberías tomar, fantasmas que nacen de no atreverte, fantasmas que surgen cuando tu corazón manda mas que tu cabeza, o cuando tu cabeza no hace caso a tu corazón.

Todos esos fantasmas me surgen a diario últimamente.

Podría argumentarte que es simplemente por todo este bagaje que llevo incorporado, y al cual, he de reconocer, me pesa en ocasiones, por mucho que me empeñe en querer sobrellevar como antaño.

Pero cada vez uno va acumulando mas y mas momentos, mas decisiones acertadas, o quizás no lo fueran, no lo se, pero te causan que aparezca el fantasma del recuerdo, te invitan a mirar dentro de esa mochila que uno lleva a cuestas, quizás seas de los que lo acumulan en algún cuarto oscuro de su alma, pero el caso es lo mismo, yo paro y abro la mochila, tu abres la puerta de ese almacén imaginado y en ambos casos, los fantasmas hacen acto de presencia.

Respiro fuerte…

Cierro los ojos…

Les veo danzar a mi alrededor, me sonríen algunos, a otros , el gesto serio les delata, pero ¿sabes una cosa?

Ellos son mis fantasmas.

Ellos son la consecuencia de todo aquello que me nació desde lo mas hondo, de cuando decidí probar aun cuando el sentido común, la experiencia de mil antes que yo, me dijeran que me haría daño.

Pero lo probé, probé de ser feliz.

Ellos son la prueba, mucho mas allá de las cicatrices que atesoro en mi piel, de que nunca deje de intentarlo.

Quizás ese fantasma nuevo que me surge ultimamente, uno que no se reconocer, pudiera ser el fantasma de la penúltima vez, el que me dice que mañana es otro día mas, el que me dice que siga intentándolo, que entre todos, ellos y yo, formamos un buen equipo.

Porque mis fantasmas yo somos uno solo.

Porque sin ellos nunca entenderé quien soy realmente.

Por mi fantasma del recuerdo, siempre presente.

Por el de la duda, pequeñito y peleón, pero que siempre se deja ganar…

Pero sobre todo, por mi fantasma de la penúltima vez, porque este siempre me indica que seguir intentandolo

Por mis fantasmas.

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