Charlas con Ernesto IV

Al llegar a cierta edad o mas bien, un buen numero de experiencias, de aquellas que entendemos como vitales, no se, el nacimiento de nuestro hijo, casarnos con quien solo hemos podido soñar como mínimo que es nuestra alma gemela, o complementaria, o media naranja, o que se yo, ¿naranja completa?, quizás una noticia medica que te cambia la vida y lo que entendías como tal, un casi mas que posible accidente de cualquier tipo y del que escapaste aun sin saber como…en fin, ya me entiendes, experiencias que te han marcado y han dejado un poso en la memoria, una cicatriz en aquello que algunos llaman alma o sencillamente, han quedado tan grabadas en la memoria, que sabes que sera lo ultimo que uno deje de recordar.

Todo ello para intentar explicarte, ya pasadas unas semanas de tal suceso, lo que llegue a sentir…

¿Recuerdas un post sobre Ernesto?

Hablaba sobre este pescador del Hierro, alguien al que sin duda, algún día tendré que contarte como llegue a conocerlo, y que me llevo a alta mar, dentro del océano para cortarme la respiración, al principio, por ver como surgía el sol tras el horizonte liquido que me rodeaba, para poco después… creo que la definición correcta seria morir de puro y sencillo placer por sentir cerca a unas criaturas de otro planeta.

Pero creo que es mejor que haga un ejercicio de memoria…

Estoy prácticamente paralizado de algo que nunca llegue a creer…una sonrisa que me saluda en una cabeza gorda como una sandia, oscura, un cuerpo enorme para mi parecer y que, lejos de inundarme miedo, aun me queda el recuerdo de Tiburón.

Son hermosos, llego a murmurar…

Lo son, me dice Ernesto muy suave, ellos y sus primos, los carnales, los directos, los que quiera usted llamar, todos ellos, son, junto con las ballenas, los seres mas magníficos del mar.

Solo puedo asentir con la cabeza y mirarlo fijamente y susurrarle…Gracias.

Aun no me las de Jorge, ¿porque cree que le dije que viniera en bañador?.

Y… pues si, me bañe, aunque no fue tan espectacular como uno pudiera imaginar… aunque mejor será que lo relate de la forma mas veraz posible.

Al acabar de decirme esto, recuerdo haberlo mirado con cara de incredulidad, al fin y al cabo, yo estaba viendo como un bicho de no menos de 5 o 6 metros estaba apenas a un brazo de mi, de la barca que me separaban de ellos, y si, lo se, tienen una sonrisa muy tierna y todo eso… pero ¡¡¡Joder!!! ¡¡¡que grandes que eran!!!

Pero bueno, a estas alturas, estaba en mi, el miedo de quien no se considera un buen nadador, no hemos de olvidar que estoy en el océano atlántico, llevo encima solo el bañador en pleno mes de Marzo y por si fuera poco, me invade el pensamiento…

¿Qué demonios comerán estos bichos?.

En fin, me dejo caer por la borda, eso si, con mi mascara y tubo de respirar prestado, con el añadido de que mi mano derecha, esta sujeta a un cabo de la borda con tanta fuerza que la deje prensada a la mitad de su grosor, puedes imaginarte como de nervioso estaba.

Te diría que fue una primera impresión gloriosa el hecho de sumergirme en esas aguas, pero va ser que no, sencillamente me desaparecieron ciertas partes nobles de lo fría que estaba el agua, y además, gracias a que llevaba tapada la boca con el tubo, digamos que los tacos solo lo sintieron los bichos que nadaban a mi lado.

Y otra cosa…

No tienes ni idea de lo oscuro que se ve el fondo, y si le añades que mi generación creció con la película Tiburón vista en el cine… el plan ya esta todo contado.

Así que, ahí me tienes, preguntándome porque demonios estaba ahí, sirviendo de carnaza a cualquier monstruo que apareciera por debajo de una oscuridad que no se podía aventurar cuando finalizaba, quizás unos miles de metros, quizás unos centenares, pero que a mi, particularmente a mi, se me presentaba como inimaginable.

Pero tuve la idea de girar la cabeza… y ahí estaba el/ella, perdona por no ser mas descriptivo, pero no se diferenciarlos sin mas detalles físicos que conozca, pero quiero pensar que era ella, ahí, a apenas un metro de mi, ni pareciera que se esforzara en nadar, había una criatura de no menos de…muy grande, con una cabeza enorme, como una sandia montada en su frente, son una sonrisa en su boca, mirándome, preguntándose quizás…este calamar es muy raro…¿Por qué me mira tanto?, ¿será que le gusto?… no tengo ni idea de que le podría pasar por su cabeza, porque, es una tontería, lo se, me dirás que estaba obnubilado, anestesiado quizás por el frio y mis neuronas no regían, di lo que quieras, pero ha pasado un tiempo y aun recuerdo como me miro, como fijaba su vista, como vi a alguien…

No creo en el karma, en las religiones, en todo aquello que la gente llama parapsicologico, soy de talante mas bien objetivo, poco o nada dado a creer en algo mas que no sea racional, objetivable mediante la certeza de lo evidente, pero en ese momento… creí.

Creí que había que existir algo mas.

No podía apartar mi vista, creo que ni siquiera respiraba, solo podía sentir como aquella increíble criatura se mecía en el agua, ¡¡¡por dios!!!, llegue a notar como el agua se apartaba de su piel, como la fuerza que poseía, la transmitía al agua y yo la percibía en la mía propia, vi como giraba la cabeza y al hacerlo yo en la misma dirección vi al resto de la manada, sombras en las profundidades, apenas esquirlas de piel oscura surcando por debajo mío, vi como se acercaban mas miembros a su lado, como mantenían la distancia… les oí hablar…si, lo se, ni puñetera idea de lo que se decían, pero te juro por lo mas sagrado que se hablaban, no puedo decirte ni como ni porque, solo que hubiera dado lo imposible por poder hacerlo con ellos.

Escuchaba a Ernesto avisándome de que debería subir, no fuera que me quedara congelado… y ahí entonces….

Ocurrió.

Ella se acerco, note como el agua se apartaba de ella, notaba toda esa fuerza moviéndose apenas sin esfuerzo, vi como su mirada se dirigía a mi, vi como me sonreía, y me hablo, en su lenguaje claro esta, pero ¡¡joder!!, se que me hablo.

Si, estaba ahí al lado y… no, no me atreví a alargar el brazo y tocar a ese ser tan increíble.

Supongo que me preguntaras porque demonios no la toque, no la acaricie.

¿Sabes la respuesta?

Ya, lo factible es que te dijera que tenia miedo de que atacara, que me mordiera por sentirse amenazada, no son animales domésticos, son criaturas en libertad, quizás incluso pudiera haber pensado de que era comestible, pero nada de todo eso es cierto.

No me creí con derecho.

No me creía merecedor de acariciar siquiera breve y fugazmente a una criatura así.

Ernesto me ayudo a subir a la barca, me dio una manta y un café que ardía como el mismo infierno, no me hizo preguntas en ese momento, se que imaginaba que no podría decirle nada, y puso rumbo hacia el puerto, y mientras, mi vista no dejaba de ver, o mas bien, de intentar volver a ver a quienes me habían creado la mas que firme idea y convicción, de que no estábamos solos en el universo, que existía mas vida y, me atrevería a decir sin temor a equivocarme, mas inteligente.

– Quiero preguntarle algo Jorge..

Me limite a levantar la cabeza y escucharlo.

-Son animales de por si reservados, no muy dados al contacto, estos no al menos, me conocen y a Magua (la barca), y le diré que yo mismo me he bañado con ellos, pero nunca les he visto, a ninguno de ellos hacer lo que hoy ha hecho ella.

-¿Era una hembra?

– Si.

Recuerdo haber asentido con la cabeza, sonriéndome por dentro por haber acertado en mis deseos.

Recuerdo haberme medio levantado, aun temblando quizás por el frio, o por el medio litro de coñac que había puesto en el café.

Recuerdo haberme dado la vuelta para fijar mi vista ahí, a lo lejos, donde se presuponía que estaba ella.

Recuerdo haberme sentido, unos minutos antes el ser mas privilegiado del mundo por haberme bañado con ellos, pero cuando Ernesto me hizo saber ese detalle…

Veras, no podía impedir que mis ojos se humedecieran de forma mas que evidente, así que me limite a seguir con la mirada fija ahí, mas allá de la distancia, queriendo intentar ver lo que ya no estaba ahí,

Cuando creí que ya podría hablar con mas serenidad, me gire hacia el y le dije…

-Le habré caído bien.

Recuerdo que me miro fijamente, durante unos segundos incómodos por lo fuerte que le brillaban sus ojos.

-¿Sabe una cosa Jorge?, de ellos dicen que ven a través del alma de nosotros, que son capaces de sentir nuestros mas profundos secretos, y tengo conocidos que incluso afirman que son los únicos seres que, según como actúan… nos perdonan, perdonan todo aquello que no somos capaces de perdonarnos.

Solo podía asentir, porque, ya me dirás que demonios puede decirse a tan tajante idea.

Solo podía aprobar con la cabeza, recordaba aquella fuerza invisible cuando se movía por entre el agua, recordaba la serie de conversaciones que tuvieron entre ellos, ruidos aparentemente sin sentido, pero que sabias llenos de emociones, recordé como se me acerco, como invitándome a que la tocara y el porque no pude hacerlo, el porque no creía ser merecedor.

-Por mucho que usted se juzgue, por mucho que se castigue…

-Recuérdelo Jorge… a ella le cayo bien.

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11 comentarios en “Charlas con Ernesto IV

    1. Perdona por la tardanza en contestarte, y despues de ello,,, gracias¡¡¡, pero son algo mas, no se, aun no se que demonios son, pero ya te digo, que con diferencia ha sido lo mas increible que he podido experimentar hasta lam fecha, no se, el listos esta….a años luz¡¡¡

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  1. Toñi

    Y aun habiéndome adelantado algo,no he podido dejar de emocionarme, pelos de punta y ojos brillantes….. Relato perfecto.
    Tendrás que volver a visitarla…..
    Y recuerda que somos muchas las que pensamos como ella, eres una persona muy especial. 😘

    Le gusta a 1 persona

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