Charlas con Ernesto II

Mis días en la isla fueron pasando, me daba especial placer acercarme a rincones que ya había conocido, creía que podría recrear de nuevo aquellos momentos vividos anteriormente, pero estaba muy lejos de acertar.

Rincones que recordaba con la luz radiante de un sol, que apenas las gafas y la gorra podían ayudar a mitigar, y que ahora, golpeadas por el viento incesante y las nubes que no cejaban de asomar, me permitían ver las sombras que creaban las olas en las rocas y en todo aquello que pudieran cruzarseles.

Arena, rocas y, como no, Magua, la barca de Ernesto.

Lo cierto es que no soy ningún entendido en la materia, no digo que no sepa como se llama la parte delantera de la trasera, quizás incluso me atreva a conocer alguna que otra expresión o definición, adquirida por algún que otro libro o novela que he podido leer, pero lógicamente, nunca podría darte una versión objetiva y certera de como eran sus características.

Puedo, eso si, decirte que fue lo que me llamo la atención la primera vez que vi la barca, ahí, amarrada a un… espera, he de mirar mis apuntes…bolardo, si, amarrada a un bolardo del puerto.

¡¡Joder!!, no entiendo de barcos, pero si un coche lo veo así, con mil trescientos cincuenta y tres desconchones, algo de metal que le colgaba de la pequeñísima cabina que daba acceso a los motores, que mas tarde averigüe, funcionaban cuando les apetecía a ellos…vamos, que no conozco las ITV del mar, pero ya te digo yo que en carretera, este coche no circularía ni de coña.

Pero navegaba, y por lo que me llego a contar en alguna ocasión, para ser un “barquillo”, así se les llama, al parecer tenia carácter propio y todo.

No recuerdo como fue, pero se que me entretuve mucho tiempo mirando, no se por que demonios me atraía tanto, los desconchones en la pintura, las ralladuras en los costados, fruto de amarres precipitados a rincones de esta isla… pero me tire un buen rato.

¿Sabes?

No me atreví ha hacerle ninguna foto, no me preguntes porque, porque no podría contestarte, solo se que mi mano nunca se acerco a buscar la cámara que con tanta ansia, siempre intentaba captar aquel u otro instante que vivía.

No lo oí llegar, pero su buenas tardes y su..¿que tal el día?.. iniciaron un cruce de cervezas en el bar del puerto, y como no… hablamos.

Era muy curioso, siempre había un momento en el que se permitía un truco de los que yo llamaría Jedai, un truco de película, porque siempre, pero siempre lo iniciaba así..¿me permite una pregunta?, y ya esta, se liaba parda, porque ya nos ves a los dos, ahí enfrascados, viendo como se cerraba el día, apurando un plato de vete tu a saber que pescado era, pero que estaba riquísimo, con una cerveza y contemplando como corría el sol a esconderse y surgir una miriada de estrellas en el cielo, y mientras, seguiamos hablando y hablando.

Quizás surgiera alguna afirmacion mia por como vive la gente hoy en dia, en un mundo que a el se le antojaba de otro planeta, no porque no lo hubiera vivdo en parte, su trayecto laboral le llevo por mil rincones de este mundo y al parecer, estuvo cerca de asentarse en una gran ciudad y todo, pero siempre le asombraba por como llegaban, a su parecer, a esclavizarse en unos requisitos para ser felices, que a el, le sorprendían.

Vera Jorge – me dijo muy serio – ¿que se necesita para ser feliz?, ¿que necesita usted?

Tenia la pipa medio descargada, así que aproveche para, en silencio, darle vueltas a una pregunta con tal…no se, ¿mala leche?, ¿enjundia?, ¿difícil?, ni idea de como definirla.

Pero la pipa ya estaba cargada, encendida y tras unas caladas, en las que el se limitaba a apurar la cerveza y ver el cielo, del que nunca se cansaba, según sus propias palabras, y bueno, ahí vamos.

Vera Ernesto – sonrisa por su parte – eso es algo que en mas de una ocasión ha surgido, no ya en mi vida, sino que seguro que en la de todos, incluida la suya…

Pero esa es otra historia.

2 comentarios en “Charlas con Ernesto II

    1. Gracias¡¡¡¡, y lo del viaje en solitario… solo es cuestion de arrancarse, en mi caso me decidi por sitios en los que el idioma no fuera un impedimento y la mente abierta, nada de hacer lo que se espera que haga un turista, un “guiri”, antes al contrario, es cuestion de dejarse llevar por el puso de lo que te rodea.
      Para mi, esta siendo toda una revelacion de como viajar, aprender y descubrir.

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