Mi Ikigai

Publicado hace ya un tiempo y recordado hoy…

Se acabo el viaje, mi retiro, mi necesidad imperiosa de no saber que hacer mas allá de leer, pensar en todo o casi todo lo que me ha ocurrido en este tiempo, valorar los actos cometidos, lo que dicen de mi, lo que creo ser, aquello que quiero conseguir, objetivos, sueños, fantasías por crear y hacerlas realidad, y mi destino, Lanzarote, me lo ha brindado, sus carreteras desérticas, fuera de las que los turistas cogen con prisas, con apremio de no perder el tiempo en visitar una u otra atracción turística creada bien por el hombre o mas bien reformada de la naturaleza para su disfrute, sus pueblos copiados el uno del otro en colores, en formas semejantes y distintas en cada ocasión en que me bajaba del coche y me paraba a fumar, a tomar una cerveza, a leer, a escribir, a no hacer nada mas que cerrar los ojos y solo pensar o quizás, en no pensar.

Mi primer día ya indicaba que iba en la direccional correcta, un breve transcurso en avión, tramites para conseguir el coche de alquiler y llegar a la pensión, cumplir con los tramites de rigor, dejar la mochila en la cama y sentarme yo en el otro lado, con la mirada vaciá, sin saber que hacer a continuación hasta que rompí a llorar.

Lagrimas de rabia, de tristeza, de desgana y de desesperación, de no saber el porque, de no acabar de decidir que porque a mi, porque yo, que destino tan cabrón que quería jugar conmigo de esta forma, que castigo para que delito, y si, llore, hasta que no quedo mas en mi que lagrimas de aceptación, las que te vienen con ese hipo, con ese respirar entrecortado que da el tiempo transcurrido llorando sin parar, con las lagrimas que no cesan debajo de la lluvia de la ducha, pero como ella, se lleva el sudor del viaje, las dudas sin respuesta, lagrimas de aceptar que soy así, que soy yo, y que me toca decirlo, sobre todo a mi mismo.

¿El resto?

Dias de paseos y esfuerzos, de sudar entre caminos no frecuentados por la mayoría, de atreverme a realizar lo que los del lugar solo aconsejan a quien, como ellos, creen que pueden entender solo unos pocos locos, dar la vuelta a la Graciosa, andando por caminos de arena amarilla, con el sol pegándote sin parar, recordate que es solo parte del viaje, como los golpes, estos últimos que me ha tocado vivir, parar en un rincón de la carretera provincial, local, o como quieras llamarla, mirando al pasar al cestero del lugar, mirándote sin decirte nada y ofrecerte un asiento a su lado, y mientras el continua con su labor, tu miras sus manos llenas de cicatrices, ásperas al tacto, suaves acariciando las hebras que dará forma, comenzando ha hablar del tiempo, de los turista extranjeros que han pagado un viaje, con derecho a violar su intimidad y su respeto, haciéndoles fotos sin ningún tipo de permiso, creyendo que todo esta en venta, preguntándote de donde eres, y que tal estas, y acabando hablando de política, de fútbol, de lo que pagan al Cabildo de Canarias, del misterio de las nubes que se acercan y no descargan la tan deseada lluvia, de mujeres incluso, y me sorprende su filosofía nacida de tres matrimonios, tres veces viudo y dos separaciones, como también, dejar el coche en las afueras de un pueblo de pescadores, y volver a retomar la misma tónica que he visto estos días, un autocar, una gua-gua como las llaman aquí, con 50 o 60 seres de otro planeta, que han pagado una cama, un plato de comida y el derecho ha hacer lo que deseen, y tras su breve estancia, te acercas al puerto y mientras ves como llega una barca, vea al marinero, con el cigarro a medias de los labios, con ese sombrero de paja que estoy comenzando a querer ponerme, te mira con cierto hastió, creyéndome otro mas que se ha retrasado con el autocar y que le tocara aguantar, pero que se transforma su semblante con un simple ¡¡¡buenos días¡¡¡, ¿que tal le ha ido el día?, añádele que no me importe echarle una mano en la descarga de la faena del día, dos cajas de pescado, su comida para una semana quizás, y que, sin decir nada, me uno a los que están comenzando a tirar de su barca para remolcarla dentro de la rampa del puerto, gritos con acento canario, con acento catalán, ¡¡vamos¡¡¡ ¡¡¡collons¡¡¡¡¡empuja¡¡¡ y otros mas variados y hasta escatologicos, tenemos la barca en la rampa, y un rumor cargado de respiraciones jadeantes por el esfuerzo y sonrisas de orgullo por el esfuerzo hecho, palmadas y apretones de mano, sin mas necesidad de adornos, solo la breve invitación a la lonja, llamala así donde el vino áspero conforta el alma.

Solo fueron dos momentos de los muchos otros que vivi, nacidos de no dudar un solo instante en hacer aquello que quería, que deseaba hacer, sentarme con el cestero, ayudar al pescador con la captura del día.

¿El resto de días?

Seis libros leídos, dos paquetes de pipa que habré fumado, entre cinco y seis horas de sueño como mucho cada día, casi haber visitado todos y cada uno de los pueblos que conforman la isla, horas y horas de silencios llenos de recuerdos, de momentos vividos, de deseos realizados, de sueños imaginados aun, de ver como el sol desaparece en el horizonte y aparece la luna en el puerto cerca de la pensión donde me alojo, horas y horas de ver cada momento de luz que invade el agua que golpea a apenas unos metros, las rocas que tengo un poco mas abajo, notar como simplemente, sonriendo a quien me sirve un café con leche, cambia el semblante y la atención que te dedican, ya no es solo profesional, horas de conducir por carreteras repetidas el día anterior, pero que hoy veo con ojos distintos, las nubes de ayer no están hoy, es la tarde, no la mañana, la luz que se filtra por el cristal me deslumbra menos, el aire que ayer era fuerte, hoy es una simple brisa.

Quizas no he encontrado mi ikigai, pero si se que muchos de mis demonios se los llevo las lagrimas que derrame el primer día, que acepte ser quien soy, impulsivo a la hora de dar la vuelta a una isla, solo porque me apeteció, o de empujar una barca que nadie me había pedido ayuda para hacerlo, acepte ser el hombre serio con gafas oscuras que esta en un tramo del arcén leyendo, quizás fumando una pipa, acepte ser el hombre que soy, lleno de defectos y virtudes, con el animo fresco y decidido por fin, con mas cicatrices conseguidas en estos últimos tiempos, no orgulloso de ellas, pero nunca arrepentido, porque todas y cada una de ellas me conforman mi alma, una que espero poder ofrecer algún día a alguien mas, y en esa espera, seguiré acumulando barcas que habré remolcado, islas que habré rodeado, noches sin sueño observando las estrellas, riéndome por chistes malos, tomándome una cerveza con desconocidos, como si antiguos amigos se hubieran reencontrado, solo porque les pedí permiso por su tiempo.

Mi propósito, es seguir viviendo, soñando incluso, y no parar nunca de seguir intentando.

2 comentarios en “Mi Ikigai

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