La Gomera II

No se si os pasa a vosotros, pero a mi, en esta era de la información a destajo para cualquier cosa, cuando preparo un viaje, suelo rebuscar por la red a la caza y captura de comentarios, videos de gente particular que los cuelga en Youtube, webs de información del sitio a visitar e incluso, de amigos por si han estado ahí, y bueno, no se a vosotros, pero a mi…cada vez lo tengo mas claro.

Hay prisas.

Resulta que en esta isla se pueden ver lo mas importante, lo mas característico, lo mas imprescindible, en unos tres o cuatro días, es decir, has de coger pista y salir a correr para no dejarte nada que ver, porque si nos vamos sin haber visto alguna de esas cosas, de esos sitios imprescindibles, únicos, importantes, característicos, las vacaciones que nos hemos propuesto, habrán sido un fracaso.

Y resulta que llevo tres noches, paseando por una playa llena de pedruscos, tan grandes como no podrías imaginarte, sentándome en mas de uno de ellos, mirando al cielo, contemplando un cielo cargado de estrellas, algo que no hacia desde muchos años, y mientras las olas, a esas horas y con el viento que viene del mar, rugen con mas fuerza y saltan mas alto.

Resulta que he comido fuera de la linea del turismo convencional, en bares al lado de estas carreteras, he comido sin mesura unos platos dignos de figurar en los sueños de cualquier gastronomo que se precie de disfrutar de una buena comida.

He ido a pasear en busca de delfines y demás bichos, en una barca de madera, apenas diez personas contando al capitán y a la guiá, por cierto, solo el capitán y yo eramos del país, imaginate el cachondeo que llevábamos y lo que llegamos a intimar, en cerca de casi cuatro horas de paseo por el océano, lo suficiente como para que me diera la dirección de un amigo suyo, que regenta un bar y en el que hacia unas fritadas de pescado que…bueno, puedes imaginártelo, como también puedes imaginarte el fiasco de excursión, en una de esas agencias dedicadas a ese turismo de masas, en una barca en la que, su chófer, que no capitán, se entretenía con el móvil mientras nos llevaba a través de la costa, en busca de una formación rocosa, de las típicas, importantes, imprescindibles, características y todo eso.

Y he paseado por el bosque de las hadas, por la mañana, por la tarde, por a noche no, porque seguro que me daría muuucho miedo, pero he recorrido algunos de sus senderos, los fáciles claro esta, uno ya tiene una edad, pero no dejaba de acordarme de no se quien decía que el parque de Garajonay, pues el del parque que os hablo, se recorría en un par de días, bueno, si ellos lo dicen..pero claro, el parque tiene 18 rutas que van desde las de media hora hasta mas de seis, y cada una de esas rutas, si la haces por la mañana, la luz es totalmente distinta a si la inicias por el mediodía, o si bien te entra una nube que viene desde lo mas profundo del atlántico, y se le ocurre pararse ahí en medio, como quien no quiere la cosa y deviene la famosa lluvia horizontal, o bien amanece con un sol espectacular, coges el coche tu tan feliz, te acercas al los limites del parque y…a encender las luces, si, tal como lo oyes, a encender las luces, ya que en muchos tramos, las nubes son tan constantes, y los arboles se tocan de tal manera, que crean bóvedas continuas de ramas saltando de uno a otro lado.

Y como no, para acabar este segundo relato sobre mi estancia en esta isla, toca hablar de sus habitantes, los que si les das tiempo, te sonríen y te ofrecen todoooo lo que tienen, la camarera que te habla orgullosa de sus desayunos típicos, del oficinista de correos, que al ver como quiero enviar un montón de almogrote, una especie de queso para untar, típico de aquí e increíblemente bueno, se desvive para cobijar los tarros en capas y capas de espuma y que llegue a buen recaudo a su destino, de ese señor que recoge los plátanos de su huerta, y que tras verte todos estos días, se te acerca para darte a probar los que ha recogido ese día, y te pregunta de donde vienes, y ahí comenzamos ha hablar de cualquier cosa.

Si, seguro que hay cosas importantes, imprescindibles y características de esta isla que hay que ver si o si, pero también hay otras mas, bastantes mas diría yo, que me reconcilian con lo que hemos perdido, el “perder” tiempo, y las comillas son aposta, en conocer la gente de aquí, los que vivían de cara y dentro de ese océano que les rodea, los que se quedaron dentro de la isla y rebañando metro a metro a todos estos barrancos, sacan plátanos, mangos, naranjas increíbles e incluso, miel de la palma, escucharles con ese deje tan particular que, para mi, acaricia los sentidos.

Suelo mirar indicaciones de quienes han estado antes que yo, pero me gusta descubrir cosas, sitios, gentes que no están en las guiás y que nunca estarán, porque para ello, has de perder “tiempo”, y ya se sabe, el tiempo es oro.

Desde La Gomera, la isla de las cicatrices de la tierra, se despide hasta la próxima.

Voy a buscar ese barraquito tan bueno que me dieron a probar el otro día.

3 comentarios en “La Gomera II

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