Recuerdos

Hoy toca lluvia, toca tomarse el café bien caliente, sentarse en el sillón, en el sofá, quedarse de pie mirando como corre el agua por los cristales, como corre la gente apresurada por intentar no mojarse, toca quizás, con suerte, leer un poco mientras resuena el ruido del trueno a lo lejos, toca escuchar esa música que invita a cerrar los ojos, que provoca recuerdos, como los que hoy toca revivir en mi.

No debería tener mas de cinco o seis años, mi hija, yo no, e intenta imaginartela, un impermeable poco discreto que le llegaba hasta las rodillas, botas de plástico, de aquellas antiguas, de autentica goma, altas y , claro esta, con paraguas chillón, a juego con el impermeable, creo recordar que era uno azul con algún dibujo de la Disney, y bueno, aunque hace mal tiempo, no es para tanto, y salimos a pasear, el sitio daba igual, quizás fuera el parque, quizás el mercado en que colocaban paradas de libros, de antigüedades, el sitio era indiferente, porque ella era muy modosita, siempre hacia caso, siempre iba de la mano o bien cerca de nosotros, pero, queridos míos, el enemigo acechaba en la lejanía, esperaba su oportunidad para tentar a un alma cándida e inocente.

Un charco.

Y aquí se desencadenaba la furia de todos los tiempos, salia la parte maquiavelica en su interior, la bestia que siempre lleva uno escondida en lo mas profundo, porque ya podías haberle dicho antes que no, que se va a mojar, que tendrá que aguantarse mojada hasta que llegue a casa, cosa que es mentira porque uno siempre lleva tres mudas de recambio por si acaso, pero que ella no sabe, o digo yo que no sabe, creo que me engañaba, en fin, porque nada mas verlo ahí, a lo lejos, veías como se iba transfigurando su cara, como la sonrisa dulce y angelical se transformaba en una sonrisa de tensa espera, de placer anticipado y que , si no te habías dado cuenta a tiempo, corría hacia el enemigo, gritando, no, mejor expresado es chillando, su particular grito de guerra, avisando a los que moraban a su alrededor que se apartaran, que no quería que hubiera daños colaterales, que no iba a hacer prisioneros, que el combate era entre ella y el charco, que solo podía haber un ganador.

Huelga decir como nos poníamos, sus progenitores, de los nervios, pensando que nos había salido una Atila, tras ver como saltaba y con que empeño ponía en vencer al charco, que saltos dignos de un gimnasta hacia, que gritos de placer y alegría por ver como, tras cada salto, ella aun seguía en pie y quedaba menos de su enemigo y claro, uno mira a su alrededor , pones cara de situación, incluso de disculpa e intentas encontrar miradas de apoyo, quizás de cierta ayuda moral por la situación que se esta viviendo a pocos metros de ellos, pero va ser que no, creo que, para mas sorpresa, tras sus miradas se perciben las sonrisas, se nota la envidia de no poder por educación, por costumbre, por el que dirán, por lo que quieras creer, se nota el deseo de saltar ellos también, de unirse a tal batalla, de poder volver a ser eso, niños que saltan en un charco.

En fin, que quieres, es mi niña, así que salte con ella también.

Yo no llevaba muda de recambio.

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18 comentarios en “Recuerdos

  1. Sandra

    Me siguen chiflando los charcos… Pero me chifla más ese hombre que sin importarle dónde, jugaba conmigo a lo que fuese (saltar, muñecas, dinosaurios, etc.), volviendose un poco niño y haciéndo de su hija la niña más feliz por jugar con su papa!! ☺😍☔

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