Cambiar

Solo era otro dia mas.

Te levantas con esa sensación de cansancio, los ojos aun medio pegados por el sueño, ese frio que surge tras levantar las sabanas….

Pero ya estas desayunando, una breve mirada a las noticias fantasticas y alegres de los telediarios, nada para comenzar el dia que ver barcos de inmigrantes que han naufragado, otro corrupto pillado, la amenaza de que Donald Trump sea presidente con derecho al boton nuclear, la pretensión de que somos idiotas, cuando nos explican porque estamos como estamos, esa especie de fauna aparte que forman nuestra clase politica.

Si, solo es otro dia mas.

Pero hoy me pregunto si no sere un marciano, alguien diferente, raro, atipico, poco frecuente espero.

Y todo porque estoy viendo como me ha sonreido la chica de la panaderia, alguien con quien solo le dedicaba mis buenos dias, una de cuarto, son setenta centimos,aquí tiene el cambio, gracias, adios.

¿Y ya esta?

Pues solo ha sido el comienzo¡¡¡

Me encuentro con la señora mayor del piso de arriba, algo asi como metro cincuenta de arrugas y mala leche diaria, que , mira por donde, hoy me sonrie y me dedica un guiño.

Quizas ayer me pase con el orujo.

Pero la cosa continua.

Bajo con la bici para ir al trabajo, y claro, ves a cierta gente casi a diario y te encuentras, no se porque, dando los buenos dias, con miradas de reserva en unas y en otras, con la contestación a mi saludo.

Pero ya estoy en el vestuario, te cambias de ropa, te uniformas para ser solo otro engranaje mas de la empresa, miras tu posición en el tablón, que te toca hoy, y mira por donde¡¡¡, me toca barra, me toca lidiar con la gente.

Asi que aqui me tienes, repasando que tengo hoy y que no tengo para ofrecer a los clientes que vengan a comer.

Me da tiempo para colocar las cosas, según mi mania particular, servilletas aquí, bandejas a mi derecha, los siropes llenos, las botellas de agua, los trinas…….

Mi primer cliente, gesto serio, con prisa, casi no me mira, su vista fija en los carteles de los menus, casi recitando lo que desea.

Le nombro la oferta del dia, le sugiero añadir mas cosas a lo que desea comer.

Son diez con ochenta, ¿tiene treinta centimos?, ¿los ochenta quizas?.

Y aquí se acaba todo, se queda en un rincón de la barra, esperando que cocina acabe pronto, le monte el pedido, le pegunte por los kepchup que desea y le desee un buen provecho.

Y recuerdo esta mañana.

Una sola sonrisa.

Un cambio.

Viene otro cliente.

Pero le estoy sonriendo, y la cosa cambia.

Quizas solo debamos hacer eso.

Sonreirnos.

 

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